Murciélago no es pájaro, ni panela es azúcar

El título es un dicho popular de la cultura llanera que se refiere al origen de las cosas, siempre en contraposición a otras. Habla de las copias “chiviadas” y el estatus que representa cada objeto; es una relación de comparación que se hace entre cosas semejantes.

 

Tanto el murciélago como la panela, en este dicho, son en sí mismos un signo de lo local. En este sentido, la metáfora plantea una dualidad entre lo local y lo foráneo tendiendo a contrastar la cultura en la región con las influencias que llegan al territorio desde otras partes. Enfatiza en los elementos que construyen la identidad cultural del territorio llanero teniendo como punto de referencia objetos y seres que habitan el paisaje.

 

Los objetos en sí mismos pueden  hablar de lo que es el territorio y como las personas interactúan con las materias primas y elementos que ofrece el paisaje. La muestra reúne algunas configuraciones de la llanera identidad vista a partir de los objetos utilitarios y de decoración; cada una de las piezas habla de esas relaciones entre objeto-cultura-paisaje.

 

El uso de la madera como uno de los principales materiales de construcción de objetos y viviendas da paso también a la creación de imágenes a partir de la misma. En ese sentido, la talla en madera es una práctica común en la región. El trabajo de Floro Vargas es representativo en cuanto a esta relación con el paisaje, tanto el material como el animal representado tienen una irrefutable vínculo con la identidad cultural de la región. 

 

Los elementos utilizados en el trabajo del Llano, como el rejo o la campechana, hacen parte del abanico de objetos que le confieren una identidad a esta región de Colombia. Luisa Valderrama explora el hacer casi ritual de la construcción de estos instrumentos, que encuentran una nueva forma en la propuesta escultórica de la artista. 

 

En las fotografías de Pablo Araque se presenta de una manera analógica la relación entre paisaje y cultura. Relaciona la sabana y el pie de monte a través de una de las prácticas culturales y económicas más conocidas en la región. La ganadería da forma a los modos de vida en el territorio; está es un eje central en las configuraciones de identidad en los habitantes de la zona.

 

Los departamentos que hacen parte del territorio han sido constantemente abatidos por la violencia en el país. Su paisaje se ha transformado constantemente; una gran parte de sus ciudades, pueblos y municipios han sido fundados y re fundados constantemente gracias a los procesos de desplazamiento forzado que han sucedido. Un ejemplo de estos procesos      puede ser la fundación del municipio de Aguazul en Casanare. El actual Aguazul fue fundado en 1954 después de haber sufrido varios desplazamientos que hicieron que los sobrevivientes de las imposiciónes violentas se desplazara     n por el pie de monte re-ubicando el municipio constantemente desde épocas de la colonia. Este continuo movimiento y re ubicación ha hecho que el pueblo tenga una constante pérdida de memoria y de recuerdos.

 

El trabajo de Adrián Paipilla busca recuperar una memoria sensible del pueblo. Es un estudio de los colores y decoraciones del antiguo Aguazul, buscando así restaurar esa imagen del pueblo en la memoria de sus habitantes. A partir de la recolección de lozas de azulejos del cementerio del pueblo (que están hechas a partir de las mismas losas que se encontraban en la casas) Adrián construye mosaicos compuestos de los colores tradicionales del pueblo. 

 

La muestra también articula un       video mono canal hecho con Argemiro Piraban, quien es conocido por su profundo conocimiento en el trabajo del Llano. Este da      cuenta del  interés por las prácticas llaneras tradicionales en la investigación realizada para el proyecto curatorial.

Artistas: Luisa Valderrama, Adrián Paipilla, Floro Vargas y Pablo Araque. 

Exhibición en Liberia Central Contemporánea, Bogotá, Colombia. 

Textos y curaduría: Sebastián Carrasco